Preparación y guía para el tarotista
Teoría · Universo Tarot Marzara
Preparación y guía para el Tarotista
El plano espiritual y la ética del tarotista
El plano espiritual conecta al ser humano con su cielo interior, con el momento iniciático que cada persona está viviendo. Toda vida, incluso sin proponérselo, es un camino iniciático: cada experiencia nos acerca a mayor comprensión de nosotros mismos.
Con el tiempo, las cartas fueron recibiendo añadidos místicos: letras hebreas, números y claves esotéricas. La suma de estos símbolos enriquece la lectura, pero lo esencial sigue siendo la interpretación que ayuda al consultante a tomar conciencia de su vida.
El papel del tarotista
El tarotista no es solo un intérprete de símbolos, sino un guía responsable. No siempre la lectura será clara; a veces el mensaje aparece velado o confuso. En esos casos, se pueden observar los números y letras que acompañan a la carta para iluminar lo que no se entiende de inmediato.
Lo fundamental es la moral del tarotista: no se trata de decir lo que el consultante quiere escuchar, sino lo que realmente ayuda a su vida. Una interpretación mal dada puede confundir, herir o incluso destruir. Por eso, el tarotista debe hablar con prudencia y respeto, ofreciendo siempre una salida constructiva.
El deber no es afirmar: “esto será así”, sino abrir un horizonte: “existe la posibilidad de…”. La palabra debe ser cuidadosa, porque tiene un gran poder.
El alfabeto de los magos
La tradición esotérica añadió al Tarot lo que se conoce como el alfabeto de los magos, que combina símbolos numéricos y letras sagradas. Estos elementos no siempre son comprendidos por todos, pero guardan un valor profundo para quienes trabajan de forma hermética.
El alfabeto mágico y la energía única
El Tarot contiene un alfabeto mágico que guarda mensajes profundos sobre la vida espiritual de cada persona. Estos símbolos, presentes en cartas egipcias y tradiciones antiguas, revelan aspectos del destino y de la misión interior. Solo quienes logran una conexión más elevada pueden descifrar su sentido pleno.
La energía es siempre una sola: es la misma fuerza que puede sanar o herir, encender la alegría o la tristeza. Lo importante no es la energía en sí, sino el canal que cada uno abre. Si el canal es de luz, esa energía será luz; si no, se desviará hacia otros fines. Por eso la práctica del Tarot requiere responsabilidad y pureza interior.
Cómo consagrar las cartas
En algún momento, cada tarotista siente la necesidad de consagrar sus cartas. Una carta consagrada se convierte en un instrumento sagrado que responde solo a su dueño. No debe ser utilizada por otros, porque puede perder fuerza y generar confusión.
Ritual de consagración
Elegir el momento: en fase de luna creciente, en cualquiera de sus seis días.
Horario recomendado: después de la caída del sol, entre las 17:00 y las 05:00 horas.
Preparar un paño blanco: puede ser seda, sábana o cualquier tela clara.
Un vaso o copa con agua: símbolo de pureza y receptividad.
Una vela blanca: representa la luz interior, la claridad y la guía espiritual.
La vela encendida será la llama que active la conexión con el plano interno y permitirá que las cartas queden impregnadas de intención luminosa.
Colocar las cartas sobre el mantel. El mantel simboliza los brazos de la Madre Tierra que recibe y sostiene la energía de las cartas. La copa con agua representa la sabiduría.
Las cartas se disponen con el dorso hacia arriba, junto a la vela encendida, que es el símbolo del despertar interior.
Conectar con el corazón y la Luna. Se llevan las manos al pecho e invocamos la fuerza de la Madre Luna, pidiendo que consagre las cartas para que siempre obedezcan a la luz y a nuestra energía más pura.
Sentir la vibración de las cartas. Pasar las manos sobre ellas, no para barajarlas, sino para percibir su energía y reconocer su vibración.
Girar la figura hacia arriba. Con un gesto simple, se da vuelta la carta superior, abriendo el canal de comunicación con lo invisible.
Pedir fidelidad a la luz. Nuevamente se llevan las manos al corazón, solicitando que las cartas permanezcan cercanas a nosotros y sean fieles a la verdad que ilumina el camino.
Repetir el gesto de imposición de manos. Volver a pasar las manos suavemente sobre el mazo, transmitiendo respeto y energía de protección.
Cerrar la ceremonia. Envolver las cartas en el mantel y dejarlas allí hasta que la vela se consuma. El agua utilizada puede beberse como símbolo de purificación, o regar con ella una planta para transmitirle vida.
⚠️ Nota importante:
Las cartas se consagran una sola vez en la vida. Una vez realizado este ritual, quedan unidas al tarotista y no deben ser utilizadas por otras personas.
¿Qué hacer con las cartas viejas?
Cuando las cartas ya están demasiado gastadas, enfermas o sin fuerza, deben ser devueltas a la tierra o al fuego. Se pueden enterrar, quemar o regalar.
Si se regalan, no se entregan como un objeto común, sino como una ofrenda sagrada, transmitiendo respeto y gratitud. Un nuevo estudiante puede aprovecharlas como herramienta de conexión simbólica, aunque ya no sirvan para tiradas.
El lugar donde se tiran las cartas
El espacio en el que se realiza la lectura es fundamental. Las cartas nunca deben tirarse en el suelo o en superficies improvisadas: siempre sobre una mesa limpia y dedicada a este propósito.
Antes de comenzar una tirada es aconsejable tener un vaso con agua. El agua, llamada tradicionalmente miasma, absorbe las energías densas que trae el consultante. Así se evita que esas cargas permanezcan en el lugar o afecten al tarotista.
El consultorio debe ser un sitio cuidado, limpio y energéticamente protegido. No es recomendable atender a demasiadas personas en un mismo día sin tomar pausas, porque cada encuentro moviliza energía. Lo ideal es trabajar con un límite de tiempo y un espacio equilibrado.
Limpieza del espacio
Siempre que un consultante se retira, conviene realizar una limpieza ligera:
Pasar unas gotas de limón y alcohol rectificado en las manos, como gesto de purificación.
Mantener un vaso con agua en el consultorio, preferentemente con un cuarzo dentro o con tres puñados de sal gruesa. Este vaso debe cambiarse con regularidad.
El cuarzo puede limpiarse con agua y sol, y también potenciarse con la luz de la luna.
Estas prácticas ayudan a mantener el ambiente despejado y a proteger tanto al tarotista como a los consultantes.
Limpieza del consultorio con hierbas
Además del agua, el cuarzo y la sal, el consultorio puede limpiarse con la quema de hierbas sagradas. Las más recomendadas son:
Ruda
Bayas de enebro
Salvia
Si no se dispone de ellas, también puede usarse romero. Siempre deben estar secas para quemarlas; nunca frescas. La tradición indica emplear tres hierbas juntas, como símbolo de equilibrio y protección.
Cómo se quema:
Se colocan en una lata con agujeros o en un recipiente que permita el paso del aire. Se encienden y se pasan por el consultorio, especialmente en las esquinas, donde más se acumula la energía.
El incienso ayuda a tranquilizar, pero la quema de hierbas tiene un efecto más profundo: limpia energéticamente el ambiente y despeja toda pesadez. Puede realizarse una vez por semana, o cada vez que se sienta necesario.
La moral del tarotista
Tirar las cartas no es un acto trivial; requiere respeto, prudencia y ética. El tarotista debe ser consciente de la influencia que sus palabras y gestos tienen sobre el consultante.
Hay tres momentos fundamentales en toda consulta:
El saludo: Es la manera en que el tarotista se conecta con las cartas y con la otra persona. El saludo transmite confianza y abre el vínculo energético. No debe hacerse de manera torpe ni brusca. El consultante necesita sentir que la lectura se realiza con presencia, cuidado y apertura.
El cuerpo: Es el desarrollo de la lectura misma, el momento en el que se despliega el mensaje del Tarot.
La despedida: El cierre respetuoso, agradeciendo al consultante y devolviendo las cartas a su lugar. Este gesto asegura que la sesión quede equilibrada y no se arrastre energía innecesaria.
1. El saludo
Las cartas tienen vida: es como tocar un corazón, un ser que late. Cuando el tarotista manipula el mazo con respeto y delicadeza, abre un canal para que los cielos se conecten. Durante este primer contacto también puede invitar al consultante a tocar el mazo, para que sienta su energía y se genere una apertura compartida.
El saludo es, en definitiva, una forma amorosa de iniciar el encuentro, estableciendo el tono energético de toda la lectura.
2. El cuerpo
La interpretación no debe apresurarse. Mientras se van revelando las cartas, es importante acompañar con preguntas que ayuden al consultante a abrirse, a distenderse y a comprender mejor lo que está recibiendo.
El tarotista debe tener cuidado con sus palabras: una frase mal dicha o una interpretación imprudente puede causar un daño grande. La responsabilidad es siempre decir la verdad con tacto, buscando iluminar y nunca herir.
3. La despedida
El cierre de la lectura debe dejar al consultante con esperanza y dirección. Siempre se le debe transmitir algo positivo, una guía que le permita avanzar. El tarotista no puede permitir que alguien se retire con más angustia de la que traía.
Es importante recordar que:
“Las cartas son un consejo, no son la verdad absoluta. Cada uno es arquitecto de su propio destino.”
El Tarot ofrece una visión, pero la acción pertenece al consultante. El verdadero objetivo es dar luz, claridad y ánimo, para que la persona se marche con la certeza de que hay un camino posible hacia adelante.
El margen de error en la lectura
Tirar las cartas no significa dar verdades absolutas. Siempre existe un margen de error, que puede deberse a varios factores:
El tarotista puede estar atravesando un mal día o no encontrarse en plena disposición interior.
El consultante puede acercarse con una actitud superficial, sin verdadera apertura.
A veces, la persona no quiere escuchar la verdad y está más aferrada a lo que desea creer que a lo que el Tarot revela.
En esos casos, no es el tarotista quien “falla”: las cartas expresan lo que hay en los cielos para ese momento. El lector y el consultante deben comprender que el mensaje es un consejo, una orientación que invita a reflexionar y tomar conciencia, más que una sentencia inamovible.