Cartas invertidas
Teoría · Universo Tarot Marzara
CARTAS INVERTIDAS.
El Tarot no tiene posición INVERTIDA.
No lo tiene porque la vida misma carece de lado invertido, todo lo que existe, existe dentro del mismo círculo sagrado.
Luz y sombra son movimientos de una misma energía; día y noche, dos rostros del mismo cielo.
Por eso, cuando una carta gira, no cambia su sentido: cambia el espejo desde donde nos mira.
Durante más de tres décadas leyendo cartas, he comprendido que el Tarot no se divide entre “buenas” y “malas”, “derechas” o “invertidas”.
Cada arcano contiene en sí la totalidad, la posibilidad del ascenso y del descenso, la pregunta y la respuesta, la herida y la curación.
El mensaje no está en el giro del papel, sino en el punto exacto del alma donde ese símbolo toca al que lo contempla.
Así como los planetas nunca se invierten —solo siguen su órbita en una danza eterna—, las cartas tampoco caen del cielo para confundirnos. En el espacio no hay arriba y abajo.
Ellas giran dentro del mismo mandala universal, y su posición es apenas una coordenada dentro de ese mapa que llamamos destino.
Por eso, en mis mazos, cada imagen está concebida para mirarse al derecho del espíritu, desde la armonía, la belleza y la conciencia.
Barajar estas cartas es como respirar: una inspiración y una exhalación de símbolos.
Cada tirada es un diálogo entre el alma humana y el universo; un momento donde la materia se vuelve lenguaje.
No hay reversos, porque no hay separación entre lo que somos y lo que buscamos.
El Tarot no predice: revela.
Y cuando revela, lo hace completo, sin ocultar nada.
Por eso este mazo —como cada uno de los que nacen bajo su misma luz— no está hecho para dividir el destino, sino para reunirlo.
Para recordarnos que incluso en el caos, existe orden; en la pérdida, enseñanza; en la oscuridad, la promesa de una nueva aurora.
El Tarot no tiene reverso.
Tiene caminos.
Y todos ellos conducen hacia uno solo: el conocimiento del alma.
Reflexión del autor sobre las cartas invertidas en el Tarot
En el Tarot, mucho se ha hablado de las cartas invertidas.
A lo largo de mis más de treinta años como tarotista, he escuchado distintas escuelas y corrientes que sostienen su valor, y lo respeto profundamente. Pero en mi forma de trabajo y en mi interpretación del Tarot, las cartas no necesitan invertirse para expresar lo que tienen que decir.
El Tarot posee 78 cartas: 78 cartas Mayores y 56 Menores, divididos en los cuatro elementos o palos tradicionales —bastos (fuego), copas (agua), espadas (aire) y oros (tierra)—.
Dentro de esas 78 imágenes ya están contenidas todas las fuerzas del universo: la luz y la sombra, lo bueno y lo malo, lo bello y lo difícil.
Por eso considero que no es necesario girar una carta para hallar en ella la dualidad. La totalidad del símbolo ya está en cada arcano.
🌌 Analogía astrológica
Me gusta explicarlo con un ejemplo de astrología: cuando un astrólogo levanta una carta (natal, anual o la que sea), los planetas no se “ponen al revés”.
Lo que cambia es dónde están ubicados y cómo se relacionan entre sí (aspectos, casas, signos).
Con el Tarot ocurre lo mismo: no hace falta invertir la carta para que cambie su lectura; lo que cambia es el lugar que ocupa en la tirada y la relación con las otras cartas.
En sus orígenes, los grandes mazos del Tarot —el Marsella, el Rider–Waite o incluso el Egipcio— fueron concebidos para ser leídos al derecho.
Por ejemplo, el Tarot Egipcio distingue tres niveles de lectura (espiritual, mental y físico), pero no plantea el sentido inverso.
Tanto en el Tarot de Marsella como en el Rider–Waite, las figuras fueron diseñadas en posición vertical, con una clara dirección simbólica.
Por eso, para mí, cada carta debe ser interpretada desde su imagen original, en su sentido natural y pleno.
🔁 Si alguien desea usar cartas invertidas
Comprendo y valoro que muchos colegas lean cartas invertidas; si esa es su forma de conexión con el Tarot, es totalmente válida.
En ese caso, la manera correcta de barajar es colocar todas las cartas boca abajo sobre la mesa y mezclarlas en forma circular o con movimiento de infinito (∞) con ambas manos, girándolas para que unas queden al derecho y otras invertidas de manera real y aleatoria.
Luego se juntan y se cortan. Así sí hay inversión verdadera en el mazo.
🃏 Formas comunes de barajar (y sus límites)
La forma más extendida —subir y bajar el mazo entre las manos— no asegura que las cartas cambien su orientación: las que estaban al derecho suelen seguir al derecho, y las invertidas siguen invertidas, solo que en otro lugar.
La técnica “tipo póker” (entrelazando dos mitades) mezcla bien, pero no garantiza una inversión justa: puede girar una parte del mazo y la otra no, generando un sesgo.
🧭 Mi método cuando leo siempre al derecho
En mi práctica, leo todas las cartas al derecho. Para asegurar una mezcla profunda y viva, extiendo el mazo en abanico sobre la mesa y voy tomando cartas alternadamente de distintos puntos, apilándolas una sobre otra.
Así evito que queden “pegadas” o agrupadas, y entre consultante y consultante el mazo se oxigena de verdad.
En definitiva, elijo leer al derecho porque en el conjunto del Tarot ya se encuentra la totalidad del universo simbólico: la luz y la oscuridad, el principio y el fin, la acción y la pausa, la caída y el renacimiento.
Cada imagen contiene en sí el viaje completo del alma.
Esta no pretende ser una regla, sino una reflexión personal de un tarotista que lleva más de treinta años leyendo cartas y que hoy dedica su vida a crear y diseñar mazos.
Lo hago por amor al Tarot, por gratitud a mis maestros —que siempre me dijeron que esto venía de otras vidas— y porque sigo creyendo que cada carta es una llave, una puerta, una voz del alma.
Profesor Marcelo Dentone Caubarrere